Ansiedad

"las circunstancias tienen menos poder del que parece para hacernos felices o infelices, pero la anticipación de las circunstancias futuras en la imaginación tiene un poder inmenso"

 

Hugo Hofmansthal

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La ansiedad y la historia entre la delgada línea entre la aliada protectora, y la enemiga corrosiva

 

 

 

 

 

 

 

Nuestros ancestros, ante una leona o cualquier otro depredador, se quedaban paralizados en vez de salir corriendo y ponerse en su campo de visión. Una vez pasado el peligro, el cuerpo volvía a un funcionamiento normal en un equilibrio que sólo se volvía a truncar ante otra nueva aparición de una leona.

Ahora, gracias al estudio de la psicología humana, sabemos que ese  bloqueo, en sus orígenes, salvaba vidas.  Ahora, en la mayoría de las sociedades, no hay leonas sueltas por la calle, pero nuestro primitivo mecanismo de alerta perfecta y minuciosamente creado por la naturaleza para garantizar la supervivencia, sigue funcionando de una manera milimétricamente precisa. El miedo, instintivamente, paraliza. Pero aunque el bloqueo, aparentemente des de lo observable desde afuera, es estático, en el interior de nuestro cuerpo ocurre súbitamente una explosión de movimiento: una descarga de cortisol bloquea o ralentiza todas las funciones corporales innecesarias en ese momento, y todos los recursos corporales van a las zonas importantes, no hay hambre, ni dolor, la boca se seca y la  digestión se corta. La  sangre va rápidamente a los los músculos para huir si es necesario, subiendo el azúcar, la adrenalina y la testosterona para darles energía, fuerza  y tensión por si es necesario agredir ante el ataque; la respiración se acelera  y la nariz se dilata para permitir más entrada de oxígeno,  los bronquios y las orejas se estiran, el corazón palpita rápidamente para movilizar ese oxígeno en sangre, las pupilas se dilatan para ampliar el campo de visión, , el sudor agrio  aparece… una vorágine química de dopamina, adrenalina, cortisol, noradrenalina y endorfinas para el objetivo primordial de la naturaleza: sobrevivir.

 

El rostro refleja la emoción con expresiones faciales comunes a cualquier etnia o cultura. Las expresiones del miedo están estampadas en el cerebro humano y don innatas.

 

Sin embargo, aunque el mecanismo permanece intacto, el peligro que lo despierta, des de luego, ya no es el mismo. Actualmente, los peligros y amenazas  a las que nos enfrentamos son otros muy diferentes: problemas en el trabajo, preocupaciones por la salud, los hijos…peligros relacionados con conflictos y miedos basados en la anticipación de pérdida o cambio.  En ocasiones estos peligros  no son amenazas reales u objetivas en cuanto a nuestra integridad, estando en cambio principalmente basados en “el peligro” que pienso que podría pasar o “el peligro” que pienso que está pasando”.

 

Lo importante aquí para entender los problemas que genera la ansiedad, son tres fenómenos:

 

El primero es que independientemente de que sea una amenaza real o no, el mecanismo de ansiedad se activa igualmente. El requisito para ponerlo en funcionamiento o en modo “on”, que es la presencia de  amenaza percibida (real o no), ya se ha disparado y el cuerpo reacciona para defenderse.

 

La segunda: a diferencia de los peligros que comportan un riesgo de integridad física, como les ocurría a nuestros a  nuestros ancestros, la mayoría de problemas “amenazantes” actuales permanecen en nuestra cabeza por temporadas, en ocasiones eternas. Por lo tanto, el sistema de ansiedad se conecta y ahí se queda en marcha constante hasta que no hacemos algo efectivo  para ponerlo en “of”.  

La tercera: La mente no percibe entre peligro real o imaginario. El miedo es instintivo, primario, se pone en marcha súbitamente. Por lo tanto, podéis imaginar que  no pierde en tiempo haciendo un psicoanálisis de  la situación. Si fuera así, quizás tardaría años en llegar a un diagnóstico de la situación para poder decir si actúa o no. Si el peligro fuera real, podría ser tarde, no?

 

El más poderoso de los problemas aquí, como ya hemos explicado en el estrés, es que a la larga, el cuerpo no puede sustentar el ritmo de los mecanismos de protección y supervivencia. En este sentido,  la ansiedad, que en un principio surge para protegernos y “salvarnos la vida”, empieza a estropeárnosla con los devastadores efectos desgastantes del sistema continuamente activado.

 

En resumen,  somos muy eficaces para poner en marcha la ansiedad de protección, ante una emoción  que es fundamental, inevitable y necesaria por excelencia que nuestra naturaleza a creado para protegernos y garantizar

la  supervivencia, el MIEDO. El problema viene cuando no somos capaces de gestionarla, conectándola o desconectándola  de manera inapropiada, o bien con una modulación incongruente con la situación.

 

Cuando el miedo y su manifestación, la ansiedad, no son bien interpretadas y gestionadas, pasan a ser en cambio un terrible enemigo, un sistema de alarma defectuoso que se activa en momentos equivocados y/o no es capaz de regularse  o modularse de una manera adecuada.  

 

Fobias, ataques de pánico, agorafobia, trastornos obsesivos compulsivos,  dudas patológicas, miedo social, ansiedad generalizada son algunas de las complejas manifestaciones de esta desregularización.

 

Un programa terapéutico adecuado puede desbloquear estas patologías en tiempo breve  para volver a encontrar un equilibrio y reconciliarnos con nuestra ansiedad y pueda volver a ser la función protectora que pueda salvar vidas.

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