Insomnio, cuando querer no es poder...

...y los pensamientos que desvelan más que el café

Podemos definir el insomnio como la dificultad  de iniciar  el sueño o para mantenerlo, ya sea porque nos despertamos durante la noche varias veces, o bien porque lo hacemos muy temprano antes de lo deseado. Cuando tiene una duración de más de 6 meses, se considera crónico.

 

Si bien, todos hemos tenido insomnio en alguna época de nuestra vida (hemos de considerar que el sueño es extremadamente sensible a cualquier estímulo estresante u otros factores de índole orgánica) y esto parece normalizarlo como parte de nuestra cotidianidad, no hemos de minimizar los riesgos que comporta la somnolencia durante el día como consecuencia de un sueño incorrecto o poco reparador. Cuando no dormimos bien, la somnolencia diurna consecuente puede provocar falta de  reacción o bien una reacción inapropiada ante los estímulos. Eso comporta que  cualquier acción   por nuestra parte pueda comportar un riesgo: Desde la conducción de cualquier vehículo, hasta el simple hecho caminar por la calle. Un insuficiente estado de alerta puede mermar nuestras capacidades para conducir, o simplemente hacernos cruzar sin mirar, por poner sólo dos ejemplos de la variedad de posibles accidentes fruto de los inconvenientes de no dormir correctamente.

 

Pero la función restauradora del sueño, no sólo nos salva la vida manteniéndonos en un estado de alerta y atención, sino que también se encarga e influye en muchos otros aspectos orgánicos vitales, como proporcionarnos energía y una correcta termorregulación entre otros.

 

Influye en tantos sentidos, que su falta, puede comportar, además de la citada y peligrosa somnolencia, dificultades de concentración, y memoria, irritabilidad, desorientación, ansiedad, fatiga…en función de la severidad (intensidad y duración)  la calidad de vida de la persona afectada se ve más o menos mermada.

 

Ante el insomnio, debemos preguntarnos si hay un factor estresante en nuestras vidas. Debido a la extremada sensibilidad del sueño al estrés, cualquier preocupación o conflicto, por mínimo que parezca, puede estar influyendo en la aparición o el mantenimiento.  Si el desencadenante es por este motivo, lo que suele ocurrir en muchas ocasiones es que el sueño, al estar afectado, pasa a sustituir la fuente de estrés inicial ocupando el protagonismo de nuestra preocupación y en definitiva, lo que era en su origen el síntoma…se convierte en el problema que se mantiene por sí sólo. Es decir, al principio no dormimos porque estamos preocupados por el trabajo (por poner un ejemplo), y al final seguimos sin dormir porque estamos preocupados porque no dormimos. Es la típica  pescadilla que se muerde la cola.

 

Pero si no relacionáis el origen de dificultad de sueño con ninguna preocupación, os recomiendo que hagáis un chequeo. El sueño, es muy frágil ante cualquier descompensación metabólica, así que es importante cuidar el cuerpo con una correcta revisión.

 

Cuando la dificultad de sueño se instaura como problemática en sí misma, tal y como  comento anteriormente, aparte de tener unos buenos hábitos antes de dormir, recomendables tanto si hay dificultad como si no,  existen ejercicios sencillos y eficaces para volver a recuperar la normalidad en este sentido. Sin embargo, y por desgracia,  en muchas ocasiones, me encuentro con personas que en consecuencia de un tratamiento farmacológico inapropiado para solucionarlo, lo que antes era un problema simple, con tratamiento inadecuado, se vuelve complicado, porque pasa de ser una única problemática, la del insomnio, a ser dos, la del insomnio más la de la dependencia a los fármacos que en principio se empezaron a tomar para eliminar la primera.  Esto me lleva a la tendencia en auge en medicalizar fenómenos cotidianos. Una vez atendí a un chico que llevaba tres años tomando medicación para el insomnio. Empezó cuando perdió el trabajo. Tras unos días  con dificultades para iniciar el sueño, empezó un tratamiento para erradicarlo. Al cabo de un tiempo, encontró otro trabajo y el sueño estaba normalizado, pero en cuanto intentaba dejar las pastillas, se alteraba de nuevo y se instauraba con fuerza aún y haber probado la deshabituación. El miedo a no poder dormir sin las pastillas se había hecho tan fuerte, que se confirmaba esta incapacidad en el momento de dejarlas.

 

En resumen, el buen sueño es fundamental para tener una buena calidad de vida. Si este aspecto no funciona, revisa qué está pasando.  

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