¿Qué es el pánico?

Ël pánico es una ansiedad "desbocada", llevada al extremo, como cuando el baso se desborda de agua. Y no hay nada más seguro para tener pánico que temer tener pánico. Está claro que en la sociedad de hoy en día, el miedo es visto como algo indeseable o una fuente de debilidad. Esto, de entrada, ya impide una correcta gestión de la emoción por excelencia en la naturaleza. Lo que podría ser un recurso, se convierte, en muchas ocasiones, un auténtico LÍMITE.  El estímulo amenazante que naturalmente despierta el miedo, tras percibirse como algo indeseable que combatir, pasa a ser superado por un miedo aún mayor, el terror ante las sensaciones del propio cuerpo y ante la expectativa  de que se vuelvan a producir.

 

Todos conocemos esa frase de "no pienses en un elefante", tan utilizada para demostrar que el intentar no pensar en algo, es lo que provoca precisamente pensar en ello. El Pánico funciona con el mismo efecto paradoxal. A menudo, las personas, intentando controlar sus efectos, no hacen sino aumentarlos inevitablemente, acabando en un círculo vicioso de anticipación y creación de pánico.

 

Lo más común son las sensaciones de ahogo o falta de aire,  mareo. El miedo a perder el control, volverse loco o tener un  infarto de apoderan de nuestra mente e inevitablemente el pánico aumenta aún más.

 

El querer huir de la situación, pedir ayuda, o intentar controlar las sensaciones, son las soluciones que buscamos para esos momentos, pero son, en realidad, las cadenas que perpetúan el problema y nos generan la sensación de incapacidad para gestionar lo que nos ocurre.  La paradoja del miedo al miedo nos ha atrapado y cuanto más intentamos salir, más fuerte nos aprieta.

 

Así que el Pánico va tejiendo su telaraña y genera, en muchas ocasiones, fobias y evitaciones tan limitantes como la agorafobia, la fobia social, fobia a volar o a conducir, a hablar en público, a perder el control de los esfínteres... todo ello consecuencia lógica de querer huir de las situaciones que nos generaron malestar. Y es así como cada vez el tema se va complicando cada vez más y más hasta situar a las personas en un estado de indefensión perpetua ante su propio miedo.

 

Y para seguir en la línea de la paradoja, los tratamientos habituales para el pánico se han basado precisamente en técnicas para afrontar y controlar el miedo. Todo un viaje de Ulises surcando los mil peligros, y por supuesto, no exentos de una lógica resistencia. Si bien pueden ser eficaces, son a base de enfrentamiento y lucha interna que pueden llevar un tiempo considerable  y lleno de esfuerzos. Otro tipo de terapias, menos efectivas y más largas aún, se basan en buscar el origen de causas traumáticas, que si bien, en caso de que las hubiese,  pueden dar una información útil, su conocimiento por sí mismo no ayuda a resolver el problema.

 

Desde la terapia  breve se propone el desbloqueo rápido del pánico. En la mayoría de ocasiones, se resuelve rápidamente, produciéndose el desbloqueo de los síntomas entre la segunda y la cuarta.  ¿No creéis que vale la pena probar una solución diferente en vez de seguir con lo que no sólo no ha acabado con el problema y lo ha ayudado a crecer?

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